Vivir sin querer soltar la vida

Todos queremos sentir la vida en el corazón, cuando ni siquiera sabemos qué es la vida ni quiénes somos nosotros. Y para conseguirlo, nos pasamos el tiempo buscando lo que nos han contado que es la felicidad, a través de acciones sin sentido que creemos que nos la aportarán.

Ocupamos el tiempo de quehaceres para llenar nuestros vacíos existenciales de manera temporal. Sin darnos cuenta que podemos ser felices ya, por el simple hecho de existir... Pero no, nos quejamos de lo que nos ocurre sin atrevernos siquiera a cambiar el rumbo de nuestros pasos.  Porque nos da miedo lo desconocido, por eso no tenemos el valor ni de conocernos y nos conformamos con seguir el mismo camino en el que andan los demás. No nos gusta escuchar esa voz interna que nos dice que nuestra senda no es esa que nos han marcado, sino otra, porque nos aterra hacerle caso y ser diferente al resto de la manada; sentirnos tachados, criticados o juzgados, así que le tapamos la boca al corazón y seguimos como si nada.

Como seres sensibles, sentimos emociones de las cuales no sabemos el origen, sin embargo tenemos la osadía de tacharlas de dañinas porque sentirlas nos incomoda. Porque no nos han dicho antes que sentirse triste es humano y lícito, así que preferimos seguir enmudeciendo nuestras voces internas y plantarnos la máscara, que mostrarnos sin disfraces ante los demás. Sin saber que la tranquilidad que tanto anhelamos, se halla tras esas emociones anuladas. Pero somos así de tozudos, no queremos atenderlas por temor a hundirnos y así es como se nos enquistan, así es como enfermamos. Para después, como siempre, echar la culpa a algo externo a nosotros, y evitar tomar responsabilidad en nuestra vida.

Porque hacernos la víctima nos encanta, acusar a algún factor externo de todo lo que nos sucede es nuestra mayor afición, pero luego nos encanta controlarlo todo. Controlar la vida, que nada se nos escape: ni las personas, ni la casa, ni el dinero...cargamos con todo a cuestas, no vaya a ser que lo pierda y entonces, a ver qué pasa. Y todo, por miedo a descubrir quiénes somos. A no corresponder, a quedarnos solos. Queremos amor pero sólo sabemos vivir a través del miedo.

Pero llega el día en el que te hartas de todo y te das cuenta de que la vida en realidad va de soltar, así que mandas a la mierda todo para empezar a respirar de verdad. Para empezar a vivir y dejar de sobrevivir. Cuando te atreves a desprenderte de la historia que te han contado, de todo aquello que crees que te aporta felicidad y te lanzas a descubrir qué es la vida para ti, te vuelves imparable porque te sientes invencible.

Te entra un aire tan puro, que te recarga de la energía suficiente para acabar con el miedo que te había paralizado antes. Que te permite mirarte a los ojos por primera vez y escuchar atentamente a esa voz que te invita a ser tu mayor versión. Y ahí, justo ahí, cuando esa vida que tan incansablemente habías buscado, te atrapa, te invade sin razón alguna y te recompensa con bendiciones infinitas sólo por el simple hecho de darte el permiso de ser tú.

3 comentarios de “Vivir sin querer soltar la vida”

  1. Nos cruzamos hace unas semanas y aunque tomé otro camino diferente al tuyo, supe que serías una persona que dejarías huella en mi vida. Me encanta tu proyecto, es necesario ante tanta deshumanización. Te apoyo completamente y espero que tus palabras lleguen al corazón de las personas. Por mi parte me encantará seguir leyéndote, te has ganado un seguidor. Lo que defiendes es la auténtica esencia de la felicidad. Mil gracias. Un abrazo muy fuerte.

    1. Muy buen día José Ignacio!!!!! 🙂
      Antes de nada, millones de gracias por tu comentario, me ha hecho muy feliz. Te pido disculpas por tardar en contestar, pero tenía esto un poco abandonado…me estaba dando tiempo pero ya lo retomo!!!
      Espero qué hayas iniciado el año súper!!!!! Te mando un abrazo inmenso!!!!!!!

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