¿Te dedicas tiempo?

Vivimos en un mundo rápido. Ya desde bien temprano, es una alarma la que dicta que nuestro día debe de empezar, piloto automático modo ON: revisa Instagram, contesta Whatsapps, revisa e-mails. Café rápido con un ojo medio cerrado y a trabajar. Empieza la interacción con el mundo…Y así hasta que vuelves a acabar rendida en la cama al acabar tu jornada. Y durante tu día, tú, ¿dónde quedas? ¿Cuántas veces te paras a sentirte?

Más allá de nuestra cabeza, de ese enorme caos de pensamientos, está nuestra alma y también habla. Su mensaje es claro…fluido. Nos recuerda a qué hemos venido a la vida, qué nos hace vibrar de ella. Y al no escucharlo, se presenta en forma de presión, ansiedad, dolencia, malestar…Para recordarte que has de volver a ti.

Acostumbrados a estar siempre en los demás, por y para nuestro entorno. Da igual cómo estemos, siempre afuera, afuera, afuera. Escuchando, ayudando, acompañando al de al lado…pero cuando queremos volver a nosotros, estamos literalmente agotados. Así que acabamos convirtiéndonos en caminantes colmados de emociones reprimidas, recorriendo la vida rutinaria que nos han enseñado a vivir. Secándonos por dentro. Queriendo poder con todo, cuando no podemos ni gestionar lo que nos sucede por dentro.

Pues déjame recordarte que la vida, cómo su nombre indica, es para VIVIRLA. Para transitarla encendido, para sentirla en las venas recorriéndonos. Y para ello, antes uno ha de escucharse, saber lo que le apetece, lo que le vibra y desde ahí, obrar hacia fuera.

Somos seres poseedores de energía limitada, en nosotros reside el poder de decidir dónde la depositamos: dónde ponemos atención, ponemos la intención y por lo tanto, la energía. Así que piensa, ¿tú dónde quieres enfocar tu energía? ¿te valoras lo suficiente como para dedicarte unos minutos a escuchar lo que el alma te grita, o prefieres seguir caminando sin rumbo? Tú decides.

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